Si un jueves por la tarde te llama una amiga y te dice, que vino ... de Madrid y que vendrá ... de Galicia y le aviso a ... y a... y nos juntaremos en casa el domingo,
¿ vos qué responderías ?...
pues así, mi respuesta afirmativa no se hizo esperar, hace tanto que no veía a muchas de ellas.
La excusa como siempre es coser, pero la realidad es que hacemos de todo y mientras tanto damos alguna puntada.
Así de despejada estaba la mesa cuando llegamos,
y la anfitriona nos tentó, para un futuro próximo, con alguna propuesta sacada de internet...
pesé a las quejas de ... que le decía que mala educación traer la tablet a la mesa, jajajaja, ¡ me encanta! ...
Ninguna habíamos pensado hacer nada en particular, pero por la mañana se me ocurrió llevar una pequeña cosita, sabía que mucho tiempo no dedicaríamos a la aguja.
y la mesa se fue llenando de telas, hilos, risas y charlas.
A ver chicas... miren el pajarito y sonrían.
Luego llego la hora de la merienda, lástima que las otras 50 personas no vinieron, por eso sobró tanta comida...
es que siempre lo decimos pero la gula puede más.
Un rico té con esta preciosa flor, de gusto diferente y suave. Me gustó mucho pero luego da pena tirar la florcita.
Algunas distraídas y otras atentas a la mirada de la cámara,
a otras hay que insistirles,
y alguna sale tan despeinada y con una cara que parece que recién se levantó de la cama . . .
¿ a ver esa cajita?
Nuestras vidas no son muy parecidas,
cada una pasa por una situación diferente.
No todas son alegrías pero tampoco son penas todo el tiempo.
Sabemos de cada una lo necesario para alegrarnos o preocuparnos.
Organizamos pequeños proyectos y planes que nos permiten seguir compartiendo nuestras vidas.
Nos respetamos. Nos queremos.
Mientras tanto, cosemos.
Pequeñas cosas que disfrutamos juntas,
y nos hacen sonreír.
. . . y es gratis.


























