Si hay algo que extrañaba de Buenos Aires
y he recuperado en Madrid, son las cuatro estaciones.
Las que más me gustan son las intermedias,
primavera y otoño, pero cada una tiene su encanto.
Para muchos al invierno ( actual estación de este lado)
hay que saber mirarlo ... bueno, como a todo.
Todo en está vida tiene múltiples miradas.
El invierno me da la sensación de ser más íntimo,
más introspectivo.
Quizá porque en la calle hace frío, llueve y el viento
nos cala los huesos.
Quizá porque al entrar en casa, sentimos
el calor del hogar, nos abraza
y agradecemos esa cálida sensación.
Será porque me gusta andar con ovillos de lana
y ver qué cosa me sale con un par de agujas,
mientras sigo en pijama, en el sofá,
mirando alguna película que no requiera
mucha concentración.
Hay días en los que parece que el gris se nos adentra
en el ánimo y entonces apreciamos más
ese rayo de sol que aparece tímidamente.
Y díganme, ¿ a quién no le gusta mirar el fuego
y sentir el crujir de la leña?.
Compartir momentos con chocolate caliente
y el olor a bizcocho que llega de la cocina.
Quizá el ambiente sea, también, más romántico, ¿ no?.
Me encanta poner velas aromáticas por toda la casa,
ayudan a que el ritmo sea pausado y armonioso.
Y aunque la naturaleza parezca muerta,
crece en su interior y las raíces se adentran en la tierra,
pero también seguimos disfrutando
de flores y colores con diferentes matices.
Y como no todo va a ser acercamiento al interior,
un café con amigos, de vez en cuando, con los que están cerca,
y la tecnología con los que no lo están.
Así que, sea la estación que sea,
allá dónde estés . . .




